Asomaba a
sus ojos una lágrima
y a mis labios una frase de perdón; habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino, ella por otro; pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?", y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?"
Es
cuestión de palabras, y no obstante
ni tú ni
yo jamás,
después de
lo pasado, convendremos
en quién
la culpa está.
¡Lástima
que el Amor un diccionario
no tenga
donde hallar
cuándo el
orgullo es simplemente orgullo
y cuándo
es dignidad!
Gustavo Adolfo Bécquer, de Rimas, leyendas y narraciones |
martes, 13 de marzo de 2012
Asomaba a sus ojos una lágrima...
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