Estoy en el suelo. Triste, desolada.
Tan solo quiero encontrar a alguien como yo. Caminando sin dirección por las
calles de la gran ciudad, anochece, el cielo se incendia y de repente… un
deseo. La veo bailando consigo misma, es igual a mi. Solo quiero acercarme a
ella, lentamente. Me muevo, no me muevo, me muevo, no me muevo; vuelvo a mi
sitio. Me muevo, me decido. Voy hacia ella. No… ahora doy media vuelta. Me
vuelvo a acercar. Pero hay algo sobrenatural que no me deja y vuelvo atrás. Es
como una fuerza extraña que no me deja avanzar, yo solo quiero ir con ella. Solo
pido un deseo en esta vida: Rozarla. Aunque sea un poco. Me acerco a ella, me
voy acercando, de momento nada me detiene, estoy llegando. Me encuentro con
ella. La rozo, es guapa, suave, el mismo tacto, se parece a mi. De repente se
inicia un remolino, esa fuerza sobrenatural: el viento. Y en el momento menos
pensado empezamos a dar vueltas al mismo tiempo, estoy bailando con ella, me
gusta, me siento feliz en medio de la ciudad. Ahora el viento nos lleva a las
dos juntas recorriendo las calles de la ciudad.
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