Amo por las noches, cuando duermo; solo en la oscuridad.
Crucé toda la sala en busca de ella, podía percibir su
olor desde el otro lado, la muchedumbre se desvaneció en cuanto empecé a andar
en su dirección. Me acerqué a ella por detrás, pude notar la suavidad de su
piel sin palparla, su olor era dulce, olía a cereza. Sin rozarla la acaricié,
pude sentir sus poros dentro de mi piel, a la vez que ella se estremecía.
Acerqué mis labios a su cuello y le besé el dorso de la oreja. Le susurré mi
deseo. Me enamoré. Mi boca y su cuello se deslizaron como dos telas de seda
bailando en una espiral. Giró su rostro bello y sus débiles pupilas se clavaron
en mí, nunca me habían mirado de semejante modo. Pude sentir su cuerpo
regozandose en deseo. Sentía su mirada quebrando mis huesos, mi respiración se
interrumpía por segundos. Me enamoré. Entreabrió los labios como pétalos de
rosa y se acercó lentamente hasta estallar una explosión de rojo carmín
apasionado en los míos. Me enamoré. De repente, una luz fugaz y desapareció.