Suéñame
que me hace falta, ardo en soledades deshumanizadas, tiemblo al escuchar la voz
lejana que sangra de tu irreverente boca. Suéñame cuando menos me desees
y deséame cuando menos me sueñes.
Mi cuerpo se abre a tus pulcras manos deseoso de sentir tu dulce aliento en la
silueta de mi desdichado cuerpo. Ahora te siento como el tacto de una suave
rosa, deleitoso veneno, cautiva de tus ojos yo te persigo.